Y eso fue lo que pasó. Natalia Ginzburg
De nuevo Natalia, esta vez un texto sombrío, introspectivo, con la cargada simplicidad de esta autora que dice las cosas tal como son, y nos las pone delante para que las veamos con los ojos abiertos.
Unos días antes de encontrarnos, esta vez en el parque des Buttes Chaumont, con un calor que te morías, entorno a un vinito rosado y muchas cosas para picar, supimos que Carlo Ginzburg había muerto. Sabíamos que debía venir a París este otoño y ya estábamos en ascuas ante la posibilidad de conocerlo y escucharlo. Pero no. Solo nos quedó brindar por madre e hijo y seguir hablando de sus obras.
Jordi: Me hace pensar bastante en 'Le paix de ruches' de Alice Rivaz, que diseccionaba un triste matrimonio con un détachement parecido (pero sin balazo entre los ojos). Y la voz narradora tiene algo de Tove Ditlevsen también.
Selva: ¡¡¡¡¡¡¡Qué triste !!!!!!! Cómo deja ver una tristeza incommensurable.
"Le pegué un tiro en los ojos", confiesa al principio la protagonista narradora. Nunca sabremos su nombre, pero sí conoceremos sus dudas, miedos, tristezas (muchas), rabias, su incapacidad de amarse y de encontrar un sentido a la vida. Una "mosquita muerta", como le preguntará al final a su marido.
"Hay en Ginzburg una clara muestra de ese ser mujer que se elige aun sabiendo que no es objeto de elección, y eso se muestra en el personaje principal de esta novela y en todo lo que ella escribe. Por eso es una novela escrita desde la conciencia y con un personaje que se mueve precisamente en la conciencia de s. misma y sus propias dificultades. Una conciencia que como ella dice es “inexorable y mortal”, porque se enfrenta a sus propios límites y a los límites de una realidad que le viene impuesta y que ella ha aceptado, pero que al mismo tiempo se le muestra siempre como insuficiente ante su propia fortaleza vital arrolladora. Es una conciencia inexorable porque tomar conciencia de la situación no la libera de ella, sino que la deja abierta a su propia fuerza, a un vacío que puede ser cuna fértil. Es mortal porque el único modo en que puede enfrentarse a la situación que ella encuentra la coloca con una pistola entre las manos y un tiro en el entrecejo a su marido. Así empieza la novela. La protagonista de esta novela es una mujer que mira una y otra vez su propio interior, lo que siente, lo que piensa, y es capaz de observarlo, de analizarlo para comprenderlo.
Pero en esa mirada hacia sí misma encuentra negrura, una negrura que refleja su enorme insatisfacción con el mundo exterior, con las circunstancias de su vida y los papeles que la sociedad le ha ido asignando y que ella misma asume: mujer que espera el amor, mujer casada que espera al marido, mujer engañada, madre sufriente, amiga envidiosa, “mosquita muerta”…"
Elena Martínez Navarro (Duoda. Universitat de Barcelona)
Unos días antes de encontrarnos, esta vez en el parque des Buttes Chaumont, con un calor que te morías, entorno a un vinito rosado y muchas cosas para picar, supimos que Carlo Ginzburg había muerto. Sabíamos que debía venir a París este otoño y ya estábamos en ascuas ante la posibilidad de conocerlo y escucharlo. Pero no. Solo nos quedó brindar por madre e hijo y seguir hablando de sus obras.
Jordi: Me hace pensar bastante en 'Le paix de ruches' de Alice Rivaz, que diseccionaba un triste matrimonio con un détachement parecido (pero sin balazo entre los ojos). Y la voz narradora tiene algo de Tove Ditlevsen también.
Selva: ¡¡¡¡¡¡¡Qué triste !!!!!!! Cómo deja ver una tristeza incommensurable.
"Le pegué un tiro en los ojos", confiesa al principio la protagonista narradora. Nunca sabremos su nombre, pero sí conoceremos sus dudas, miedos, tristezas (muchas), rabias, su incapacidad de amarse y de encontrar un sentido a la vida. Una "mosquita muerta", como le preguntará al final a su marido.
"Hay en Ginzburg una clara muestra de ese ser mujer que se elige aun sabiendo que no es objeto de elección, y eso se muestra en el personaje principal de esta novela y en todo lo que ella escribe. Por eso es una novela escrita desde la conciencia y con un personaje que se mueve precisamente en la conciencia de s. misma y sus propias dificultades. Una conciencia que como ella dice es “inexorable y mortal”, porque se enfrenta a sus propios límites y a los límites de una realidad que le viene impuesta y que ella ha aceptado, pero que al mismo tiempo se le muestra siempre como insuficiente ante su propia fortaleza vital arrolladora. Es una conciencia inexorable porque tomar conciencia de la situación no la libera de ella, sino que la deja abierta a su propia fuerza, a un vacío que puede ser cuna fértil. Es mortal porque el único modo en que puede enfrentarse a la situación que ella encuentra la coloca con una pistola entre las manos y un tiro en el entrecejo a su marido. Así empieza la novela. La protagonista de esta novela es una mujer que mira una y otra vez su propio interior, lo que siente, lo que piensa, y es capaz de observarlo, de analizarlo para comprenderlo.
Pero en esa mirada hacia sí misma encuentra negrura, una negrura que refleja su enorme insatisfacción con el mundo exterior, con las circunstancias de su vida y los papeles que la sociedad le ha ido asignando y que ella misma asume: mujer que espera el amor, mujer casada que espera al marido, mujer engañada, madre sufriente, amiga envidiosa, “mosquita muerta”…"
Elena Martínez Navarro (Duoda. Universitat de Barcelona)

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